Earl “The Goat” Manigault es para muchos el mejor jugador de baloncesto de la historia. Nunca jugó en profesionales, pasó por la cárcel, fue adicto a la heroína, pero sus ansias de superación le llevaron a superar sus desgracias para ser considerado todo un ejemplo entre sus vecinos de Harlem. El doble mate, un libro sobre su vida o una película son sólo algunas pinceladas de su vida.
Cuando se hace el perfil de un jugador legendario es fácil caer en los tópicos y en la exageración y ése pudiera ser el caso de Earl Manigault. Tal vez ello se deba a que no abunda material sobre sus partidos, por lo que la mayor parte de lo que ha llegado a nuestras manos son declaraciones de los que jugaron contra él y leyendas, muchas leyendas… Lo que sí es cierto es que los que compartieron cancha con él sólo saben hablar maravillas de su juego.
Para Abdul Jabbar, el mejor
Kareem Abdul Jabbar, el día de su retirada, fue interrogado sobre quién había sido para él el mejor de todos los tiempos. El pívot de los Lakers permaneció callado unos instantes y cuando rompió el silencio afirmó que “podría haber sido La Cabra, Earl “The Goat” Manigault”. Jabbar debe saber algo de baloncesto tras 21 años en la NBA, 6 anillos, 1560 partidos y siendo el máximo anotador de la historia d ela Liga con 38.387 puntos. Viniendo de quien se llamara Lew Alcindor no parece que sea un juicio gratuito, no.
Earl Manigault comenzó su dura vida en el neoyorkino barrio de Harlem. Le tocó vivir una lucha diaria por salir adelante, como a cualquiera de sus vecinos. Lo que diferenciaba a este joven del resto era un talento único a la hora de jugar al baloncesto. A los 17 años comenzaba ya a hablarse de él, era el comienzo de su historia como baloncestista.
La mítica Ruckers League iba a ser el escenario en el que se iba a dar a conocer. En esta competición veraniega se juntaban los mejores jugadores de playground con algunos de los jugadores profesionales de más renombre: Lew Alcindor, Earl Monroe, Julius Erving, Connie Hawkings, Jackie Jackson o Helicopter Knowings. De esa época le viene el apodo de La Cabra (The Goat), debido a sus espectaculares saltos (aunque otra teoría sostiene que el nombre le viene de un profesor del colegio, que cuando lo llamaba no pronunciaba bien el final de su apellido. Lo pronunciaba como Goat(Cabra) en lugar de "Gault" y a partir de ahi sus compañeros empezaron a llamarle asi. Todo por un error de pronunciacion). Se afirma que su salto de parado era de un metro y veinte centímetros. Y es que esa era una de sus armas favoritas, no hay que olvidar que no medía más de 1.85.
El doble mate Pero no sólo de salto vive el jugador. Manigault era capaz de crear cosas nuevas, nunca vistas en el mundo de la canasta. El caso más conocido, y por el que su nombre es más conocido sin duda, es el del mate doble. Por muchos concursos que hayamos visto en los últimos años, nunca hemos visto a nadie irse hacia el aro, meterla para abajo con la mano derecha, atrapar el balón antes de que caiga con la izquierda y cambiarlo de mano para volver a machacarlo con la diestra. Suena a jugada inverosimil, pero para alguien como La Cabra no lo era.
No se sabe cuánto hay de literario en esa jugada maestra. De lo que no hay duda es de que ha hecho correr ríos de tinta. En 1980, el escritor Barry Beckham publicaba el libro Double Dunk (Editorial Holloway House). El libro se reeditó en 1993 (Edit. Beckham House). La obra describe el ambiente de los playgrounds, nos habla de sus jugadores, pero sobre todo rinde homenaje a la figura de Manigault, y a su obra maestra del doble mate.
Entre otras de sus hazañas, algunos afirman haberle visto pisar la frente de un oponente en su camino ascendente hacia el aro. La habitual jugada del saltarín de coger monedas de cuarto de dólar de lo alto del tablero, también figuraba en su curriculum. Y su afición a las apuestas le llevó a ganar 60 dólares después de meter 36 mates seguidos con giro completo. Además, en su etapa de High School logró el récord de anotación en un partido de su categoría, en la historia de Nueva York, con 52 puntos.
Sus problemas comenzaron al ser expulsado del Harlem's Benjamin Franklin High School por consumo de marihuana. Manigault no se rindió y terminó sus estudios en el Laurinburg Institute de Carolina del Norte. Su acceso a la universidad era inminente y cerca de un centenar de Colleges llamaron a sus puertas, entre ellas Indiana, North Carolina o Duke. Sin embargo, su decisión final le iba a llevar a Jonhson C. Smith University, un modesto centro en el que predominaban los estudiantes afroamericanos. Las cosas no le iban a ir bien, tuvo problemas con su técnico y sus notas no eran buenas. Sólo resistió un semestre y terminó por volver a Harlem. Ahí cayó en las tétricas redes de la heroína por lo que su vida cambió por completo. El robo y la mendicidad ocupaban todas las horas del día a la búsqueda de dinero que le permitiera conseguir una dosis.
Una vida de superación
Son sus peores momentos y los paga con la cárcel. Entre 1969 y 1970 pasará un total de 16 meses tras los barrotes por posesión de droga. Y entre 1977 y 1979 vuelve a prisión, esta vez por intento fallido de robo. Pero la vida de Manigault se rige por la superación y por ello supera su adicción a la heroína. Hay que destacar que después de su paso por la penitenciaría, no volverá a recaer ni en las drogas ni en la delincuencia. Supo rehacer su vida y, de hecho, en los meses anteriores a su muerte por ataque cardíaco (16 de mayo de 1998), Earl dedicaba todos sus esfuerzos a la organización del campeonato “Walk Away From Drugs” (Abandona las drogas), participaba en los programas de “Stay at School”, amén de ser parte activa y comprometida en la vida de su Harlem natal.
Dos años antes de su muerte, la HBO realizó una película para televisión titulada “Rebound. The story of Earl ‘Goat’ Manigault”. El film fue dirigido por Eric La Salle y protagonizada por Don Cheadle (Ocean’s Eleven, Traffic o Boggie Nights). En el largometraje se presenta al mito como “el mejor jugador de baloncesto que nadie conoció”. Otra película basada en la vida de 'The Goat' es 'More than a game' (Más que un juego).
En la actualidad, los playgrounds de la calle 98 en Nueva York llevan el nombre de “Goat Park” en homenaje a la figura de uno de los que más cosas nuevas supo hacer dentro de una cancha de basket: Earl “The Goat” Manigault.
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