Con solo tres millones y medio de pesos tres jóvenes ingenieros civiles de la Universidad Católica crearon Kepler Data Recovering, una innovadora empresa que recupera información desde los discos duros de los PC. Cinco años después sus ventas anuales sobre 200 mil dólares, tienen como clientes hasta la propia presidencia de la República y acaban de instalar sucursal en Miami. ¿Qué tal?


La idea surgió de la necesidad. Hace cinco años, Nicolás Mella –uno de los socios de Kepler– sufrió una pérdida de datos desde su computador y comenzó a buscar a alguien que le ayudara a recuperarlos. Sin embargo, y muy a su pesar, descubrió que nadie en Chile se dedicaba específicamente a la recuperación de datos de los discos duros de computador. La incredulidad de Mella comenzó a derivar en obsesión, hasta que logró dar con una compañía francesa que prestaba el servicio, pero que por ser una de las pocas de su tipo en el mundo, era demasiado cara para un estudiante de su edad. Finalmente Mella decidió olvidarse de su problema particular y encender la ampolleta del emprendimiento. Le ofreció a la compañía gala ser su enlace en Chile y enviarles clientes a cambio de que los franceses le enseñaran el oficio del rescate de información desde un PC.

Al más puro estilo Bill Gates –quien partió con Microsoft en el garage de su casa– Mella empezó a trabajar en el subterráneo de su domicilio. Recibía los discos duros y seguía al pie de la letra las instrucciones que le enviaban vía e-mail los franceses para desarmarlos y rescatar la información. La tarea no era fácil y requería de una motricidad fina única, ya que el más lento de los cabezales de disco duro gira a 5.400 revoluciones por minuto, unos 200 kilómetros por hora. De a poco el chileno fue adquiriendo mayor pericia y los clientes fueron aumentando.

Las cosas funcionaron bien hasta que empezaron a llegar clientes con información valiosa, quienes no querían que el disco duro quedara en manos de cualquier persona de la casa mientras Mella, por ejemplo, estaba en clases. Así pasó, recuerda, con un destacado científico chileno, premio nacional de ciencias, que al no encontrar a Mella desistió de dejar su equipo. Era el minuto de profesionalizar el negocio.
El año 2002 entraron en escena Javier Smitmans y Hugo Galilea, también ingenieros civiles de la Universidad Católica y entre los tres flamantes socios bautizaron la empresa como Kepler, no tanto por una admiración especial al famoso astrónomo alemán, sino porque lo encontraban un nombre marketero. No se equivocaron. Hoy día Kepler tiene clientes de la talla del BBVA, CMPC, Citibank, Clínica Alemana, Falabella, Feller Rate, Gasco, ENTEL, Codelco, Minera Escondida, MOP, Puma, Universidad de Chile, Microsoft, Universidad Católica y hasta la propia Presidencia de la República. Es la única empresa de su tipo en el país y de los tres millones y medio de pesos invertidos en el comienzo, hoy registran ventas anuales por 200 mil dólares y esperan más que duplicar esa cifra este año.

Negocio respaldado
Las estadísticas muestran que en Chile más de 90.000 personas al año pierden información desde su computador y se calcula que las pérdidas monetarias por extravío de información computacional bordean los 100 millones de dólares al año. “He visto empresas que han tenido que cerrar porque no han podido recuperar la información del disco duro”, explica Hugo Galilea, encargado de marketing y nuevos negocios de Kepler. Actualmente la empresa chilena está recuperando sobre el 75% de los casos que recibe, entre los cuales hay historias bastante dramáticas. “Atendimos a un dermatólogo iquiqueño que tenía guardado en su computador todo el historial de los pacientes que había atendido en su vida con las respectivas fotos de los casos y de repente perdió todo. Le recuperamos los datos y se los mandamos. Gracias a él es que pagamos el mes de diciembre del año 2003”, cuenta Galilea.

Y aunque dicen entre risas que algunas veces sus sueldos han sido más bajos de lo que tenían cuando recibían mesada, los tres socios desde un principio sabían que su apuesta era de futuro y que debían reinvertir utilidades. Por eso creen que hoy están más consolidados, en un negocio que requiere de bastante capital porque deben estar en la vanguardia tecnológica. Kepler maneja lo que se conoce como Laboratorio Clase 100, que consiste en una sala completamente cerrada, sin bordes donde se junte polvo y con un mobiliario especial –sin junturas y hecho de materiales anti polvo– que tuvieron que comprar en el extranjero. Además, dentro de esta sala hay que funcionar con unos trajes especiales
–tipo astronauta– que impiden el paso al exterior de las más de cien mil partículas contaminantes que normalmente el cuerpo emite sin que nos demos cuenta, medidas que son necesarias para evitar que los discos duros se dañen.

La mayoría de las grandes compañías que tienen contrato con empresas de respaldo de datos, son sometidas al proceso de revisión de sus equipos una vez por semana o una vez al mes, aunque varias veces estas compañías acuden a Kepler por accidentes extraordinarios. “Existe el factor humano, es decir, el gerente que no es tan amigo de los computadores y que apretó una tecla y perdió todo o al que se le cayó el laptop al suelo y le dejó de funcionar. Más que competencia a las empresas que guardan archivos somos un servicio complementario y muchas de esas compañías de respaldo de información son clientes nuestros”, dice Mella, quien tiene a su cargo la mantención y el desarrollo de la empresa.
La internaciona-lización también ha sido tema en estos últimos cuatro años. Kepler tiene asociados a lo largo de toda América del Sur quienes reciben los requerimientos de sus clientes locales y mandan a Santiago los discos duros con problemas. Kepler los recibe en Chile y apenas recupera la información, la reenvía vía e-mail. Es tanto lo que han avanzado en este campo, que su fama incluso ya llegó más allá de América latina. Gracias a que pusieron un aviso en internet donde explicaban que habían descubierto y resuelto una falla en un modelo de disco duro de la empresa Fujitsu, les llegaron trabajos desde lugares tan remotos como la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de Helsinki, la empresa japonesa JCOM Broadband Sagamihara e incluso, recuperaron la información del disco duro de un PC que había sido dañado por el paso del huracán Katrina.

Los planes para este año son todavía más ambiciosos. Acaban de instalar oficina en Miami y quieren duplicar las ventas para llegar a medio millón de dólares anuales. Y lo más probable es que lo logren, si se toma en cuenta que el estado de Florida tiene diez veces más computadores que los que hay en todo Chile.

Sitio Web de Kepler

Fuente: Revista Capital