Quiero publicar en éste artículo el testimonio nostalgico de aquellos penquistas que disfrutaron durante decadas en las antiguas salas de cines.
Con el Cine Romano definitivamente cerrado, ya no queda ninguna sala de proyecciones en el centro de la ciudad, a excepción de dos triple equis y del Teatro Concepción, que sólo usa sus pantallas los días martes. Las nuevas generaciones posiblemente ni siquiera lo han advertido; los más viejos están llenos de nostalgia. "Yo no voy al cine ahora", expresa Enzo García (73). "Y no es que sea un viejo que se resista a los cambios. El problema con los cines de ahora es que no tienen espíritu, ni siquiera tienen ese olor a cuero de las butacas... Puedo decir que pasé todos mis domingos de infancia sentado ante el écran, viendo la matiné.Por una entrada, veías dos películas, además de las seriales, oferta que en vacaciones de invierno aumentaba a tres películas.
Todo empezaba a las 14.15 horas, para terminar pasadas las 18.Y todos los niños afuera, porque después venía la vermut o selecta, para los papás, y finalmente los estrenos, en la función nocturna", recuerda García.
"La matiné era un paseo. No hay ninguna actividad que hagan los niños de hoy que se compare con eso", cuenta Teresa Rocha (68).
"Yo le tenía miedo a los malos que salían en las seriales, especialmente en Flash Gordon, que siempre tenía que luchar con monstruos... me daba pánico Fumanchú, más bien las uñas de este malo", cuenta riendo."Llegaba a mi casa y en la noche me ponía a llorar.
Mi mamá me dijo:"entonces, si eres tan cobarde, no vas más al cine".Y yo me hice la valiente y nunca más lloré", asegura Teresa Rocha.
"Cuando aparecían los personajes en la pantalla, los niños gritábamos: ¡joven! ¡niña! ¡malo!, y a los malos se les pifiaba. El comienzo de La Oficina, el espacio del Jappening con Ja, se inspiró en eso, los actores son de mi edad y vivieron lo mismo", expresa Enzo García.
"Lo que retrata muy bien lo que vivíamos es la película Cinema Paradiso", asevera.
Y es ahí cuando entra la nostalgia se apodera de su voz.Y cómo no, si de los doce cines que García visitó durante su infancia, no queda nada... los únicos que sobreviven son el Cine Plaza y el Hard Cinema (ex Windsor), dedicados a la exhibición de cintas pornográficas, un mercado demasiado exclusivo y al parecer rentable.
El Cine Romano, fundado en 1964 por Humberto Anselmi, acaba de cerrar sus puertas, para convertirse ahora en templo evangélico. Un destino algo mejor que otros cines, transformados en locales comerciales, echados a suelo y vueltos a construir en forma de edificios o simplemente, desaparecidos. ¿Nostalgia del pasado? Los cines de Concepción eran bastante variados, en cantidad de butacas, calidad de infraestructura y tamaño de la pantalla. Lo común eran los precios, abordables y nada de elitistas. Había cines con sillas de palo (eso recuerda Teresa Rocha, que sufría en la matiné por la incomodidad de las butacas) y otros que eran un lujo. Algunos funcionaban también como sala de eventos, donde destacó el ex Teatro Concepción. Ubicado en Barros Arana entre Orompello y Tucapel, albergó a grandes figuras de la música y del teatro, como Justo Ugarte ("primer alcalde" de la Pérgola de las Flores). Como espacio cinematográfico se utilizó cuando se trasladó al Central (actual Teatro Concepción).
"El Cine Plaza era prácticamente de películas mexicanas, las más cebolleras que alguien pueda imaginar", comenta riendo Teresa Rocha."Cuando niña lloraba con los sufrimientos de la Chachita, pero después, me di cuenta de que eran un bodrio", expresa, agregando que Cantinflas "era una delicia, no hay nadie que no haya gozado con él en su infancia". "Se extraña ese cine de antes, limpio, frío, con olor a antiguo", señala Enzo García."Ahora es todo un caos, los precios son carísimos, no entiendo cómo las cadenas nacionales terminaron con los cines clásicos que eran mucho más baratos y más cómodos.
Y más místicos! No me vengan con lo del mejor sonido o las palomitas, los cabros de antes igual comíamos en las butacas. Había niños con un uniforme como el de botones de los hoteles, con gorro y chaqueta, que se paseaban entre las filas con una bandeja de madera, colgante, que nos vendían calugas, maní confitado, incluso helados en el verano", recuerda García."¿Nostalgias del pasado? No. El cine es uno de los temas que no se ha visto superado por la modernidad", sentencia.
"El sonido de las películas era excelente", defiende Teresa Rocha."Me acuerdo cuando llevé a mis hijos a ver King Kong, a fines de los setenta, y se nos movían las butacas con los gritos del mono. No es nuevo un buen sonido en las salas de cine, como se piensa. Siempre fue bueno, incluso en la época de las películas de Jorge Negrete, que apenas se entendían", expresa riendo.
¡Y qué decir de las colas! "Para "La noche de un día agitado", de Los Beatles, recuerdo seis cuadras de cola. ¡Puras lolas !", cuenta riendo García.
"Cuando se estrenó el Doctor Zhivago, a mediados de los sesenta, recuerdo una cola que salía desde el Lido y llegaba al Parque Ecuador", agrega Teresa Rocha, quien también se acuerda del estreno de "Fiebre de sábado por la noche", en el año 1978."Traje a mis hijas al Romano, y todos, los acomodadores, el señor de la boletería, estaban vestidos a lo Travolta", cuenta. Sin olvidar que se quedaron sin ver la función, por la censura, para mayores de 18 años.
"Si tengo que elegir un cine, mi favorito era el Regina.Tenía un relojito al lado de la pantalla, butacas pequeñas... siento nostalgia por esa sala", concluye García.
"A mí me gustaba el Astor.Afuera, en el foyer, tenía un mural precioso, tipo Picasso, que terminó sucio y ajado.Lamento que nuestros doce cines se hayan convertido en nada", puntualiza Teresa Rocha.
Tiempos remotos Para Arturo Espinoza (72), el tema de los cines "es como si se tratara de ayer". Hace 44 años trabajó en labores administrativas en el Roxy, un breve "pituto" que sin duda se convirtió en su oficio más atesorado. Su relación con los cines empezó antes, pues fue vecino del Ideal (luego Rex), en el sector del Cerro Amarillo, lo que le permitió ver todas las matiné que se proyectaran.
"Tengo entendido que el teatro Ideal es una copia de una sala francesa, es insólito que todo ese lujo se haya convertido en la vega El Esfuerzo", comenta Espinoza, quien tiene una gran memoria sobre la época de los cines. "Hubo varias compañías propietarias de cines en Concepción. Una era Ajuria, Brieva y Cía. Ltda, dueña del Ideal", señala. "Pero si se trata de familias, hay dos nombres importantes: los Akel y los Anselmi.
Los Akel partieron en los 40 (realmente, en 1943), de la mano del doctor Juan Akel, que fundó el Explanade (luego Astor). Como el negocio del cine antes era bueno, ya en los 50 (específicamente en 1948) los Akel inauguraron el Cine Windsor.Y para los 60, el Regina. Lo administraba Cines Sur y Cinematografíca Biobío", cuenta Espinoza, haciendo alarde a su buena memoria.
"Los Anselmi fueron futuristas al inaugurar el Cine Romano", continúa. "Aunque cueste creerlo, era una empresa familiar, fundada por Humberto Anselmi y respaldada por sus hijos. Es tan triste ver ahora que también cierra sus puertas. Es como ser mal agradecido con el pasado", expresa con sentimiento este hombre que, si bien se dedicó más años a Ferrocarriles del Estado, nunca olvidará su paso por las salas de cine, a cargo de la contabilidad.
"¡Y ojo que casi siempre vendíamos todas las entradas!", asevera.
"El primero de los cines fue el Rex, creo que el año 38. Después se hizo el Ducal, enorme, y después el Explanade, que para nosotros quedaba "lejos" del centro. Era un paseo. El que más me gustaba era el Lux, que nadie recuerda mucho. Era para un público más adulto. Era una joyita, no hay sala de espectáculos en Concepción como esa", comenta.
"Pero de todos los cines, si hay uno que luchó con fuerza, fue el Regina. Me acuerdo que para el año 2000 hizo un ciclo de cine, me sentí tan feliz de ver que nuevamente salían a la calle los avisos de la cartelera.
Pero nadie puede contra la modernidad. La "muerte" de los cines es lo más lamentable que le ha ocurrido a los penquistas. Peor que dos terremotos", acota.
¿Qué fue de...? • Cine Regina: ubicado en la Galería Akel desde 1960. Luego de varios intentos por mantenerse (eso incluye la presencia evangélica) fue adquirido por el Hotel El Dorado y convertido en el salón Atenea. • Cine Roxy: ubicado en Barros Arana entre Colo Colo y Aníbal Pinto, luego se convirtió en Ducal. Finalmente se construyó un edificio con locales comerciales. • Cine Explanade: fue fundado en 1943 por el doctor Carlos Akel (posterior dueño del Regina). Luego se llamó Astor y hoy es la discoteque Havana Club. • Cine Lux: pequeño, funcionó frente al ex Teatro Concepción (Barros Arana entre Orompello y Tucapel). Después se llamó Mirage. Al cerrar sus puertas, por décadas albergó a una tienda de motos. Hoy existe allí un local de menajes. Alejandro Mihovilovic, director de la Galería de la Historia, cuenta que fue el primer cine de la familia Anselmi (propietarios de El Romano), específicamente de la señora de Humberto Anselmi, apellidada Merello. • Cine Rex: con sillas de madera (según lo recuerda Teresa Rocha), hoy está convertido en la Vega El Esfuerzo (Rengo entre Los Carreras y Las Heras). Lo que pocos saben es que nació bajo el nombre de "Ideal", y terminó como "Opera". • Cine Central: frente a la Plaza de Armas, después del terremoto del 60 albergó al Teatro Concepción, nombre que adoptó hasta hoy. • Cine Cervantes: ubicado en Barros Arana entre Caupolicán y Rengo (Galería Irazabal), durante los 80 funcionó allá la discoteque Gatsby.Hoy no tiene uso. • Cine Lido: de corte más sesentero, funcionó hasta pasado los 90. En 2000 pasó a manos del empresario Sergio Cichero, funcionando periódicamente como sala de espectáculos. • Cine Windsor: inaugurado en julio de 1948 por la familia Akel, hoy es Hard Cinema. El mismo destino compartió el Cine Plaza, ubicado en la Galería Universitaria, que previamente se llamó Alcázar. • Cine Prat: simplemente extinto (terminó en un incendio). Ubicado en la continuación de calle O"Higgins con Prat, es recordado por muy pocos.Tenía un perfil "ferroviario", era sencillo pero albergaba a todos quienes se relacionaban con el tren. •El Biógrafo: el más antiguo de todos los intentos cinematográficos. Alejandro Mihovilovic cuenta que se ubicaba en el portal Cruz, donde actualmente se emplaza la cuadra del Teatro Concepción."Tenía sillas de madera y un piano, donde un intérprete ponía música a las cintas, para entonces, mudas. Fue previo a la década del 30", expresa el historiador. •Cine Romano: perteneciente a la familia Anselmi, abrió sus puertas para los 60. Pasó por altibajos prácticamente desde los 90, sin embargo, ésta es la primera vez que se despide para siempre. En dos años terminará el contrato de arriendo establecido entre la familia Anselmi y los nuevos arrendatarios, un grupo evangélico. Quién sabe si alguien se arriesga a instalar allí un nuevo cine.
Fuente: Artículo publicado el 9 de abril del 2006 en Diario El Sur de Concepción.
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